Esquirol presenta L’argent de poche (1976) de Truffaut. «La persona atenta es relaciona amb les coses anant cap al seu veïnatge.» Sus palabras me son más necesarias que nunca. Más allá de sus palabras, se muestra una vida ética. ¿Cómo avanzar hacia allí?
Vamos a los cines Zumzeig a ver Rizi (Days) (2020), dirigida por un taiwanés que se llama Tsai Ming-liang. Había leído un texto sobre esta peli que me había interesado; lo escribe Ángela Rodríguez, de la revista Mutaciones: «Aunque el agua abunda –en forma de lluvia incesante– el personaje sigue teniendo la necesidad de tener un vaso cerca, sigue teniendo sed. Según afirma Tsai Ming-liang, el agua simboliza la descompensación a la que nos enfrentamos constantemente. El agua es aquello que a veces puede ser abundante pero no lo que deseamos, por lo que los personajes siguen tratando de beber.» Nos cuesta ver la lluvia que nos rodea hasta que llega la sequía. Rizi es una peli sobre dos hombres, dos soledades que se funden momentáneamente, interesadamente. Una peli ardua cuanto a ritmo, pero creo que seguiré pensando en ella los próximos días.
Acabo de leer el libro de Vila-Matas que me ha tenido enganchado estos últimos días, Esta bruma insensata. Trata de un don nadie que se dedica a coleccionar citas y que tiene un hermano menor escritor, muy exitoso en los Estados Unidos. ¿En qué momento los escritores se dieron cuenta de que las historias protagonizadas por perdedores conseguirían conectar más con el lector que las protagonizadas por vencedores?
Delante del restaurante hay una fachada discreta con un cartel que me podría haber pasado desapercibido: «Aquí nació Rafael Estrany i Ros, pintor.» No me suena para nada. Lo busco en internet. Vírgenes, paisajes… Acuarela. Cuánto me gustaba pintar con acuarela cuando era pequeño. Prácticamente he abandonado todas las vías de expresión que tenía entonces. Tan solo me queda un débil vínculo con la escritura. ¿Hacia dónde me voy a encaminar? ¿Hacia una mayor pérdida de mí mismo? ¿Volveré a encontrar las cosas que me apasionen? Lo que más lamento es no sentirme tocado por nada, que nada me mueva.
Viajamos en vagones diferentes. El tren sale a las siete menos cuarto y llega a Madrid a las nueve y pico. En el trayecto, leo a Pessoa: «Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tocan y churrían, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Solo me conozco como sinfonía.»
Por la mañana, le he dicho a X: «Estamos en momentos muy distintos de nuestras vidas.» Se frustra porque las oportunidades profesionales no le llegan mientras que lo último que yo hago es pensar en el mundo laboral.
Vamos al Thyssen, a ver la colección y la exposición que han dedicado a Georgia O’Keeffe. No sabía que su obra era tan heterogénea. Los cuadros urbanos me interesan especialmente: Hotel Shelton con manchas de sol o Calle de Nueva York con luna. Después vamos al Lázaro Galdiano, donde nunca había estado. Hay goyas y boscos de primerísima calidad. Compro algunas postales, como ayer en el Prado. Al salir, X está un poco mareada. Dice que volverá al apartamento en metro. Yo bajo caminando por el paseo de la Castellana.
Después, nos despedimos de su amiga y vamos al Gran Clavel a tomar un café. Este es uno de nuestros lugares estrella; ya vinimos la otra vez que viajamos juntos a Madrid; entonces el Gran Clavel era un lugar muy nuevo y nosotros habíamos vivido mucho menos.
Voy a Atocha. Cojo el tren a las nueve. En el trayecto, leo Biografía del silencio, de Pablo d’Ors. Llego a Sants a las doce menos cuarto.
«Ningún prójimo puede dar nunca esa seguridad radical que buscamos; no puede ni debe darla. El ser amado no está ahí para que uno no se pierda, sino para perderse juntos; para vivir en compañía la liberadora aventura de la perdición», escribe Pablo d’Ors. Hasta allí llegan las cosas.
Considera que el mundo del espectáculo es muy duro. No le falta razón. A mucha distancia estamos quienes ya hemos renunciado a hacer el más mínimo esfuerzo para prosperar. Nos sumimos en la capa de mediocridad reinante y esperamos que los días pasen rápido.
Nunca hay suficiente fuego, ni siquiera en una noche como esta. Verbena de San Juan. (...) Nos sentamos en el porche y tomamos una primera copa de vino mientras esperábamos a los demás.
La hostilidad es una sensación difusa; por eso, cuando alguien lo es de forma clara y visible, especificamos que es abiertamente hostil.
Sigo leyendo la biografía sobre Eugeni d’Ors que escribió Andreu Navarra. Ors le escribió a una amiga suya: «Tú sabes que yo tengo a Freud, después de todo y deducido lo que hay que deducir, por la más genial figura científica contemporánea.» Lo que para Freud es el inconsciente, para Ors seguramente es «el ángel que todo ser humano lleva dentro, inserto en su destino pero sentido como exterior por su consciencia.» Que aquello de incontrolable, de inalcanzable, que haya en nosotros sea un ángel.
He soñado toda la noche. Un sueño profundísimo del que ahora no consigo acordarme. Me gustaría que alguien dijera algo que me hiciera acordarme de qué he soñado. Tan vívido. Tan largo. La vida habría podido pasar a consistir en el mundo soñado.
El Cabaret Miau ha existido durante medio año. Ha sido algo mágico tanto para quienes lo hemos hecho como para quienes lo han visto. Me ha hecho pensar mucho en mi yo de trece años, que solo aspiraba a vivir dentro de una teatralidad así. Ahora las luces del retroproyector se apagan, también las velas de los candelabros, también los fluorescentes de colores.
Sigo leyendo la biografía sobre Ors. Fue un hombre sobre el que la sociedad de su momento fue volcando rencor; llegó un día, allá por 1920, que el cúmulo de rencor fue demasiado grande y lo defenestraron. Hace días dije que la figura de Ors me interesa por lo que tiene de peligro políticamente, como la de Heidegger. También me interesa por lo que tiene de paria. ¿Ors llegó a tener un hogar? ¿Su viajar dando conferencias por el mundo no fue más bien un errar? Decía que a Ors le interesaban los ángeles, la angelología. A mí también. Cada vez más. Para Ors, la sobreconsciencia era angelical; la consciencia, humana; la subconsciencia, animal. En realidad todo se mezcla y atraviesa.