15 de octubre de 2021

Mirar por primera vez. Diario 2021: 10 septiembre-15 octubre


Tao Lin, en Trip, hace referencia a una expresión de Terence McKenna: «the felt presence of immediate experience». Es eso lo que me tengo que procurar.


La distancia entre la pulsión y la acción parece mínima, a veces, pero enseguida recuerdo que no hay persona más tímida que yo y me retraigo.


Lo bueno del día de ayer fue que empezase a leer Vernon Subutex. Hoy sigo. «Cap a la trentena, tot comença a perdre intensitat, tant si ets precari com si ets una superestrella.» Aunque aún me quedan siete años para llegar a los treinta –bueno, menos: seis y pico–, las frases de este tipo me dan escalofríos. ¿La intensidad de la veintena es la mayor de la vida? ¿En serio? ¿No habrá nada más elevado que esto?

Siempre he vivido proyectándome demasiado hacia el futuro: mañana escribiré, mañana trabajaré, mañana… Solo los sueños han llenado mi presente y los sueños están vacíos; el vacío no puede llenar nada, así que todo ha sido un mero engaño. No hace falta ser un genio para prever que las cosas seguirán con la mediocridad que han mostrado hasta ahora o que irán a peor.


Bebemos unas birras por el Eixample. Noto que no me escucha cuando le hablo, solo le interesa su propia vida y sus deseos. Dejo que hable.


Quizá la cuestión, como siempre, sea que presiono la realidad con una producción industrial de ilusiones antes de que esta se haya podido expresar.


La injusticia de la falta de reciprocidad: infravaloramos a quien nos quiere y cuida mientras que dirigimos toda nuestra atención a quien no importamos. ¿Por qué no debería limitarme a querer a quien me quiere? ¿Por qué me vuelvo un devoto de quien menos caso me hace?


Se presenta, delante de mí, un largo fin de semana. En otros tiempos, lo habría aprovechado para ignorar lo que siento y emprender una huida hacia adelante a través del alcohol y la dispersión. Hoy, creo que es la ocasión ideal para mirar hacia dentro y tomar consciencia, una vez más, de lo que está mal conmigo.


La memoria y la imaginación comparten un mismo territorio. En lugar de hablar de nuestras fantasías en subjuntivo, lo deberíamos hacer en los pretéritos del indicativo.


Debería escribir las historias apasionantes de dos mujeres: Júlia Peraire y Teresa Mestre i Climent. Peraire fue musa y esposa de Ramon Casas. Mestre inspiró la Ben Plantada de Ors –también la retrató Casas– y huyó con su amante Josep Pijoan después de romper su matrimonio con un hombre poderoso de Mataró. Las dos fueron mujeres de un carácter irrepetible en la sociedad barcelonesa de principios del siglo XX. Las figuras intelectuales y artísticas que tenían a su lado no han opacado su memoria. Falta trazar los lazos subterráneos entre las dos, poner luz a sus vidas, conocerlas en fin.


La conversación de hoy con X ha sido animada; me ha hablado de su problema para controlar la ira; en distintas ocasiones, ha lanzado copas a personas que han hecho comentarios racistas o misóginos en su presencia.


Pienso en todos los libros que me gustaría estar leyendo. Pienso que, el año que viene, podría escribir mi diario en tercera persona.


Nunca entenderé cómo se puede pasar tan brutalmente de sentir un deseo profundo al hastío de después del éxtasis, es como un animal furioso al que lanzasen un dardo para sedarlo, lo que hay de toro en mí.