76. Hacía mucho que no le escribía una carta a X. En eso he empleado la tarde. Luego ha lloviznado y un olor desagradable, de perro mojado, ha quedado suspendida en el aire.
77. Tengo una visión un poco acumulativa de la literatura. Lo que me motiva a escribir no es la voluntad de conseguir una obra perfecta a base de correcciones y reescrituras sino el hecho primario de llenar páginas, rascar paper, como lo llamaba Josep Pla.
78. El dolor no cesa. Es constante, punzante. Se clava en los lados del abdomen todo el rato. Es peculiar: se incrementa si estoy tumbado.
79. Los problemas del cuerpo irrumpen cuando menos se los espera. Y luego la culpabilidad: (...) ¿No estaba siguiendo el camino recto? ¿Será que todo esto tiene una causa psicosomática, algo emocional con lo que no supe lidiar? Pero hay cosas que pasan porque pasan.
80. Finalmente me intervienen al mediodía. Me bajan al quirófano en una camilla. Solo llevo una bata blanca y, debajo, bóxers. Esta mañana, en dos ocasiones, he tenido fiebre con taquicardias. La primera vez, me acababan de anunciar que me tendrían que operar y le he dicho a mi madre que no avisara a nadie; pensaba que estaba temblando por nervios, involuntariamente, así que también le he pedido que me diese las manos (curiosamente, eso me ha calmado). La segunda vez, me ha pasado cuando ya estaba en planta y me han tenido que acostar y pinchar paracetamol.
Prácticamente he entrado en el quirófano con fiebre. El momento en que me han puesto la mascarilla y me han suministrado la anestesia ha sido delicioso. Me he despertado cuando aún no me habían trasladado a la sala de reanimación.
81. Después de comer hago una larga siesta y pierdo el tiempo sin arrepentirme. Sigo medicándome cada cuatro horas.
82. En Celebrity (1998), dirigida por Woody Allen, un hombre le pregunta a su cita: «¿Te llevas bien con tu exmarido?», a lo que ella responde: «Si nos viéramos ahora, sí. Así es la era de la psicoterapia, ¿no? Todo el mundo es sofisticado y maduro». Como en todas las modas, corremos el riesgo de adoptar el lenguaje de la psicoterapia sin apropiarnos de su fondo. Esto se da cuando alguien dice estarse «priorizando» o estar «sanando» pero solo está eludiendo el conflicto, aislándose o elevándose a una supuesta superioridad.
83. Cuando era pequeño, durante una temporada, quise ser director de cine. Decía que admiraba a Woody Allen, aunque habría visto poquísimas cosas de su cine por mi corta edad. Cuando me enteré de que era judío, quise serlo también. Lo judío me parecía plenamente aspiracional: las narices, los rituales, la relación con el dinero, lo sectario… Todos sentimos atracción en un momento u otro por los clubes exclusivos. Luego, si todo va bien, se nos pasa.
84. El escenario principal del festival Tomorrowland, una obra fastuosa llena de equipos de sonido y pirotecnia, se ha incendiado a pocos días de que empiece el festival. Es una muestra de la era de la sofisticación del mundo a la que nos ha conducido el capitalismo consumista. No nos basta con ir a comer fuera; queremos un restaurante con decoración inflamable en la que haya una pizza que se flambee ante el consumidor (de ahí el incendio de una pizzería en Madrid hace un tiempo). No nos basta con dar un paseo por el barrio o subir a la montaña; queremos hacer escalada o barranquismo (de ahí la muerte del propietario de Mango en Montserrat). No nos basta con viajar a Nueva York; queremos atravesar el Hudson en helicóptero («Mueren cinco turistas españoles en Nueva York al precipitarse su helicóptero en el río Hudson», El País).
Somos como adictos que todo el rato exigen más cosas, más sorprendentes, más nuevas. No solo queremos experiencias; queremos experiencias premium, VIP, «únicas». De esos polvos estos lodos. ¿Con qué no ocurren (o ocurren menos) este tipo de tragedias? Con lo de toda la vida.
Estos son problemas estrictamente actuales porque en el pasado la gente no deseaba ir a un festival con un escenario digno del Antiguo Egipto o a un restaurante donde flambeasen la pizza delante tuyo. Les habría resultado inconcebible. No pretendo hacer una acusación moral sino plantear a través de qué medios y con qué finalidad se nos está haciendo desear estas cosas.
85. Quedan lejos mis dieciocho años, cuando escribir se me antojaba fácil y ejecutaba casi toda idea que se me pasaba por la cabeza. Hoy me hago un hartón de tomar notas que no conducen a nada. Terminar un texto es un desafío. ¿Solo es mi fuerza de voluntad lo que ha cambiado?
Fuerza de voluntad, qué concepto. La voluntad, facultad intangible, deviene algo tan físico y violento como la fuerza. En Platón, la voluntad se correspondería con la parte irascible del alma. No es exactamente ni la razón ni los instintos. Está en medio.
86. Me planteo si algún día volveré a escribir ficción, si lo que más me gusta es escribir sobre lo ya existente. Pero solo podría acabar A flor de piel si lo convirtiese en algo que no ha ocurrido.
87. La necesidad de mantener cierta hipocresía cordial, cierta máscara social, en el espacio público, para tener una vida política democrática y sana, no entra en contradicción con la urgencia de protestar por las injusticias del mundo actual. De hecho, para que la protesta sea realmente fértil, antes se tiene que haber establecido un marco de respeto y diálogo que no tiene nada que ver con la visceral polarización de hoy.
88. En el hospital confirmé definitivamente que no soy nada aprensivo con las agujas. Observo con fascinación cómo entran y salen de la piel. Hoy al mediodía tengo que ir a mi CAP a que me retiren las grapas y, sin embargo, me parece otra historia. En internet definen lo que se siente como una «molestia». Viniendo de unos días de dolor, estoy asustadizo y alerta.
89. El último día que fui a ver a mi abuelo le conté que, cuando me empecé a encontrar mal por la apendicitis, fui a un médico privado que me cobró 60€ por un diagnóstico erróneo. Dijo que debía tener inflamación estomacal y me recetó unas pastillas. El abuelo Pere tiene un conocimiento exacto del refranero y dijo: «Lo que el médico yerra lo tapa la tierra».
Me habló de cuando era pequeño. En Dosrius había un niño que contrajo apendicitis y acabó muriendo. Eran otros tiempos.
90. X se ríe de mí porque dije que después de la operación me tomaría Les Santes con calma y el otro día acabé enloqueciendo en el concierto de Llum. Es maravilloso volver a escuchar música y bailar después de una convalecencia. Cuando el dolor cesa, la cotidianidad se vive como un regalo.
91. Félicité, la protagonista de «Un corazón sencillo» de Flaubert: «Con la espalda erguida y los gestos mesurados, parecía una mujer de madera, que funcionase de un modo automático».
92. «Vaig veure que la vida social en el meu país era terriblement aspra i que els homes es passaven la vida turmentant els altres. Vaig decidir marxar per una temporada i fa molts anys que visc entre gent incerta i freda. (...) No esperava mai ningú ni ningú m’esperava» (Josep Pla, «Una anàlisi», La vida amarga, OC 6, p. 219).