30 de noviembre de 2025

Inteligencia es sensibilidad. Noviembre 2025


137. Hacer las cosas de una en una. Estar en ellas. Sin prisas, sin tener el móvil en la otra mano.


138. Carles Soldevila, en L’home ben educat, explica cómo se debe opinar de una obra de teatre o un concierto que se acaba de ver: «No pronuncieu amb petulància la vostra opinió sobre l’obra o sobre la interpretació. / L’entusiasme és legítim i la protesta també. Però el sentiment de la caritat ens imposa de mostrar-nos més sobris en la manifestació de la segona que en la del primer. Per revelar el disgust que us ha produït una obra n’hi ha ben bé prou d’abstenir-vos d’aplaudir; mai no és justificat d’acudir al pateig i a la xiulada».

Nunca he visto una representación de teatro tras la que el público silbase o patalease. ¿Será eso indicativo de que no he ido a ver el teatro más provocador? ¿O de que hoy somos más cobardes y ya no hacemos ese tipo de cosas?

Me cuesta creer que L’home ben educat sea una sátira sobre los manuales de urbanidad. Primero, porque en ningún momento me conduce a la risa; sí que me lleva, sin embargo, a sonreír, varias veces. Segundo, porque está escrito con una solemnidad y seguridad que poco me hacen pensar en la ironía.


139. La posmodernidad no ha pasado en vano. Pero hace falta creer en algo.


140. «Un dia, no podent mirar enlloc més, vaig mirar-me a dintre meu i vaig veure lo que jo no sospitava: que a dintre meu portés una ànima. Aquesta ànima l’havia cuidada tan poc, que la tenia quasi morta» (Santiago Rusiñol, Cigales i formigues).


141. Cuanto más se vive más difícil se vuelve vivir. Uno guarda recuerdos. Un lastre. Pero es nuestra única luz de referencia, nuestro faro.


142. En Bluets, Maggie Nelson habla de una amiga suya que sufre neuralgia difusa después de un accidente y de la que cuida. Doy gracias a Dios por mantenerme lejos del dolor físico. El emocional ya es otra cosa; tiene una parte razonable, explicable, y otra que me inflijo con malos hábitos.


143. Drama es el vuelo de un pájaro. Ahí ya está todo contenido. No hace falta más acción, ni guerra, ni angustia. El ser del mundo se abre y cuenta su historia sin necesidad de cliffhangers ni macguffins.


144. Hagamos lo que hagamos, vivimos transformándonos. La identidad que un día estuvo tan viva se apaga y se convierte en larva, de donde saldrá la mariposa nueva, que, al cabo de un tiempo, fenecerá. Hasta que alcance la última muerte. Vivimos sucesivas muertes y nacimientos hasta que alcanzamos la muerte del vivir. Después de eso, la nada y el todo.


145. Puesto que a mi reloj de pulsera se le acabó la pila hace unas semanas, últimamente pierdo la noción del tiempo con más facilidad. Salimos del restaurante a eso de las doce y cuarto.


146. Rosalía, mientras trabajaba en su último disco, Lux, se decía: «Si alguien puede hacer esto eres tú». Sin ser Rosalía, debería adoptar el mismo mantra. Olvidar lo que Eco dice en Cómo hacer una tesis –a saber, que si en tres años no has conseguido hacerla, probablemente sea porque el tema supera tus capacidades– y repetirme que si alguien puede escribir Vestir el alma: El dandismo de Eugeni d’Ors a través de la moda, la creación de sí y la celebridad, ese soy yo.


147. ¿Es el último disco de Rosalía pretencioso? X asegura que sí. Pienso que nos hemos acostumbrado tanto a que el arte consista en un espumarajo afectivo, en un muy pop y confesional «aquí tenéis mi corazón abierto de par en par», que la más mínima elaboración culta —el trabajo con la música clásica o con una decena de lenguas que no dominas—, la más mínima apuesta por la experimentación o por la ficcionalización de formas del pasado, ya nos parece excesiva: «Not my cup of tea», «¿Pero la gente lo va a entender?», «Rosalía ha hecho un disco raro».


148. «Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra» (Mateo 5:38-39).


149. Hoy sueño que me salen muchas ampollas verdes y lilas por el cuerpo. La erupción me coincide con un congreso en Santiago de Compostela, del que debo apresurarme a irme porque se ha declarado la alerta de fuertes lluvias e inundaciones.


150. Lo que no te perdono es que me hicieras sentir tan pequeño.


151. «En aquest drama prefereixo el meu paper al teu. Tota la història, per acabar, pot resumir-se així: necessitava estimar; vaig trucar a una porta; m’obriren i m’hostatjaren; foren acollidors a l’entrada, però a la sortida em feriren per l’esquena» (Joan Estelrich, El seductor seduït).


152. Me siento como la rata de laboratorio que ha recibido una descarga eléctrica al morder el queso y ha aprendido la lección. ¿Hasta cuándo? Tengo una pasmosa capacidad para el olvido.


153. Las ilusiones que te has formado viven contigo, viven en ti. Las expectativas no son tu enemigo. Son una bella creación de tu imaginación, para la que la realidad no siempre ha sabido estar a la altura. ¡Pobre realidad!


154. —¿Cuál es la mayor estupidez que se ha dicho sobre vosotros?

—Que somos chicos. Que estamos locas.

Paloma Chamorro pregunta y Fabio McNamara contesta. Es 1987. El otro día X y Y me hablaron de esta entrevista a Almodóvar y McNamara en La edad de oro.


155. Estos días he estado revisitando La flor de mi secreto. Algo hace que siempre la acabe viendo en otoño.

Como los musicales de Demy. Como la Pura pasión de Ernaux. Como Rebe cantándole a un amor que le va a volver loca o la Lana de Blue Banisters. La superioridad de tener el corazón roto frente a la frialdad de no sentir, o haber dejado de sentir, o simplemente haberse encaprichado.


156. «Los hombres de la ciudad se maravillan a menudo de este largo y monótono quedarse solo entre los campesinos y las montañas. Sin embargo, esto no es ningún mero quedarse solo, pero sí soledad. En verdad en las grandes ciudades el hombre puede quedarse solo como apenas le es posible en cualquier otra parte. Pero allí nunca puede estar a solas. Pues la auténtica soledad tiene la fuerza primigenia que no nos aísla, sino que arroja la existencia humana total en la extensa vecindad de todas las cosas» (Martin Heidegger, «¿Por qué permanecemos en la provincia?», trad. Jorge Rodríguez, 1934).


157. «Una cosa de sentit comú és que s'han d'utilitzar les mans, s'ha de fer coses amb les mans, perquè qui sap fer coses senzilles amb les mans també pensa bé. O millor dit: fer coses senzilles amb les mans ajuda a pensar bé. Qui no fa res amb les mans no sé si pot arribar a pensar bé. En tot cas, li costarà més. Això sembla una tonteria però no ho és. I s'ha sabut sempre. La cosa estranya és que no ho sapiguem ara o que cada vegada se sàpiga menys» (Josep Maria Esquirol, «El plec del sentir i l'excepcionalitat humana»: Una proposta filosòfica sobre la vida humana [ciclo de conferencias], Spotify, 2017).


158. Dice Esquirol que lo que distingue el deseo de la necesidad es que la necesidad representa una carencia que puede ser satisfecha; el deseo, no; el deseo es infinito y tiene que ver con el sentido de la vida humana. Le gusta la concepción deleuziana del deseo, y no tanto la de Freud. Según Freud, el deseo viene determinado por el enredo emocional que nos constituye, las heridas del pasado, la historia familiar. En cambio, Deleuze considera que, para entender el deseo, es mucho más importante tener en cuenta que es generador, constructor; el deseo aporta al mundo algo que antes no estaba en este; el deseo es creador.


159. El viento que sopla en el Camí de les Cinc Sènies ya es frío. Aunque voy con pantalón corto y camiseta he tenido que coger una chaqueta y me la he acabado poniendo.

El sol se pone. Se me acaba la batería de los auriculares (ya están muy viejos) y me conformo con el silencio del campo. El canto de un pájaro, el ruido del motor de una máquina. Me cruzo un chico que ha salido a correr. El polvo se levanta al paso de una furgoneta apresurada. Cuatro gorriones encima de un tendido.


160. No hacer cosas diferentes todo el rato sino persistir en la misma diferencia.