31 de diciembre de 2025

Inteligencia es sensibilidad. Diciembre 2025


161. A veces me pregunto si un escritor no debería limitarse a ser como un mecanógrafo que teclea lo que le dictan. Plasmar lo que ves, lo que escuchas, sin intervenir, sin emitir juicios.


162. Las redes generan una especie de contramundo: sus debates, su ruido, sus ídolos. Uno baja a la calle y la realidad que se le aparece es harto distinta.


163. El despertador suena a las siete y media, pero lo retraso hasta las ocho. Antes de que vuelva a sonar me doy cuenta de que ya no estoy descansando, solo postergando el inicio del día, así que me levanto, subo la persiana y observo el cielo de primera hora, de un azul profundísimo. No se ve a nadie por la calle y hasta al sol le cuesta salir. El invierno es una delicia.


164. Pienso en Gregorio Luri, quien, cuando le invitaron al pódcast Hotel Jorge Juan, comentó que la visión de la vida como una serie de injusticias le despertaba muchas sospechas: la vida es como una competición deportiva, venía a decir. Aunque los símiles deportivos no me entusiasmen, comprendí a qué se refería. Está claro que algunos tienen que hacer frente a más dificultades que otros, que el punto de partida suele ser diferente en cada caso, pero eso no es excusa para quedarse paralizado o apoltronarse en la queja. Si no tomamos las riendas de nuestra propia vida, serán otros quienes, más o menos conscientemente, nos la dirijan. ¿Cómo articular esto con el desasimiento fundamental, el saber dejar ir? ¿Cómo ser autónomo y resolutivo sin caer en una ambición desaforada?


165. A las once y pico hago media hora de ejercicio y me ducho y pierdo el tiempo y me hago un cuarto café y escucho música moderna y también clásica con estos AirPods divinos que son la mejor compra que pudiera haber hecho; no sé cómo, ya es la una y veinte, pero no me siento mal por haber perdido el tiempo. Basta de sentirse mal por todo.


166. Nos despedimos con un abrazo incómodo. Cómo son las cosas: ¿ninguno de los dos ha sabido ver, hasta que nos hemos desvirtualizado, que no había química?

Esto no es debido ni a una incapacidad de X ni mía sino a la dinámica de las aplicaciones de ligue: la presencialidad es insustituible —a la misma conclusión llegarían quienes tienen relaciones a distancia— y tiene condicionantes a veces secretos, como un olor corporal, una manera de moverse, una cadencia determinada en la voz. Uno no se forma una idea clara de alguien hasta que le tiene delante, en persona, de carne y hueso.


167. ¿Por qué en la academia hay este pavor a la incongruencia, al maximalismo? Todo el mundo te aconseja que seas prudente, que tengas un objeto de estudio muy acotado y no te salgas de sus límites.


168. Escribir no para evadirse de la vida sino para intensificarla.


169. El perfeccionismo y la ambición vienen del deseo de ser aplaudido, reconocido, validado. Nunca te sientes suficiente y, por lo tanto, tratas de sobrecompensar con la excelencia en el trabajo. Sin embargo, no la consigues, porque la búsqueda de la excelencia te bloquea, te paraliza; sabes que lo que hagas jamás estará a la altura de tus expectativas iniciales.

Lo repito como un mantra: soy suficiente. Existo en la medida justa.


170. Leí en algún lado, a propósito de Rosalía: «Te ves obligado a madurar cuando comprendes que tus ídolos también se equivocan». No. Maduras cuando dejas de idolatrar, cuando tratas a cualquier persona de tú a tú.


171. En la era de la cirugía estética, una película como Barry Lyndon será imposible. No se encontrarán caras tan exquisitamente anormales —el reverendo (Murray Melvin), el príncipe de Tübingen (Wolf Kahler)... Los cuerpos se ceñirán a la norma social.


172. Pienso en el David de Donatello, en su sombrero toscano, su calma absoluta tras la lucha. Fue una de las primeras esculturas que me explicaron en la asignatura de Historia del Arte, en segundo de bachillerato. Desde entonces no pude parar de ver a gente esperando en contrapposto en la parada del bus.


173. X estudió Historia. Me cuenta que un profe de su carrera decía lo siguiente: «La única historia de verdad es la medieval y la moderna, porque la prehistórica se basa en suposiciones y la contemporánea es periodismo».


1. ¿Principal rasgo de tu carácter? La introspección.

2. ¿Qué cualidad aprecias más en un hombre? La ternura.

3. ¿Y en una mujer? La honestidad.

4. ¿Qué esperas de tus amigos? Que sean independientes de su reloj.

5. ¿Tu principal defecto? La inseguridad.

6. ¿Tu ocupación favorita? El paseo.

7. ¿Tu ideal de felicidad? Escribir por la mañana. Almorzar con alguien a quien hace tiempo que no veo. Por la tarde, leer, ir al cine y ver el atardecer. Cenar con mis íntimos y pasarnos un poquito con la bebida. Volver andando a casa y acostarme a medianoche.

8. ¿Cuál sería tu mayor desgracia? No cambiar nunca más.

9. ¿Qué te gustaría ser? Ingenuo.

10. ¿En qué país desearías vivir? Irlanda.

11. ¿Tu color favorito? El granate.

12. ¿La flor que más te gusta? El lirio de agua.

13. ¿El pájaro que prefieres? El petirrojo.

14. ¿Tus autores favoritos en prosa? Josep Pla, Josep Maria Esquirol y Tao Lin.

15. ¿Tus poetas? Luis Cernuda y Francesc Parcerisas.

16. ¿Un héroe de ficción? Lucien de Rubempré.

17. ¿Una heroína? Irma Vep.

18. ¿Tu músico favorito? Ravel.

19. ¿Tu pintor preferido? Guim Tió.

20. ¿Tu héroe de la vida real? Gorbachov.

21. ¿Tu nombre favorito? Isaac.

22. ¿Qué hábito ajeno no soportas? Hablar mal de alguien a sus espaldas —aunque sea un hábito en el que caigo constantemente.

23. ¿Qué es lo que más detestas? El purismo.

24. ¿Una figura histórica que te ponga mal cuerpo? Tejero.

25. ¿Un hecho de armas que admires? El duelo final de Barry Lyndon. Lyndon antepone la compasión a su destreza. Su contrincante solo está cegado por el resentimiento.

26. ¿Qué virtud desearías poseer? La disciplina.

27. ¿Cómo te gustaría morir? Entregado.

28. ¿Cuál es el estado más común de tu ánimo? La postergación.

29. ¿Qué defectos te inspiran mayor indulgencia? La cháchara.

30. ¿Tienes una máxima? Si el mal es radical, la bondad todavía lo es más.

30 de noviembre de 2025

Inteligencia es sensibilidad. Noviembre 2025


137. Hacer las cosas de una en una. Estar en ellas. Sin prisas, sin tener el móvil en la otra mano.


138. Carles Soldevila, en L’home ben educat, explica cómo se debe opinar de una obra de teatre o un concierto que se acaba de ver: «No pronuncieu amb petulància la vostra opinió sobre l’obra o sobre la interpretació. / L’entusiasme és legítim i la protesta també. Però el sentiment de la caritat ens imposa de mostrar-nos més sobris en la manifestació de la segona que en la del primer. Per revelar el disgust que us ha produït una obra n’hi ha ben bé prou d’abstenir-vos d’aplaudir; mai no és justificat d’acudir al pateig i a la xiulada».

Nunca he visto una representación de teatro tras la que el público silbase o patalease. ¿Será eso indicativo de que no he ido a ver el teatro más provocador? ¿O de que hoy somos más cobardes y ya no hacemos ese tipo de cosas?

Me cuesta creer que L’home ben educat sea una sátira sobre los manuales de urbanidad. Primero, porque en ningún momento me conduce a la risa; sí que me lleva, sin embargo, a sonreír, varias veces. Segundo, porque está escrito con una solemnidad y seguridad que poco me hacen pensar en la ironía.


139. La posmodernidad no ha pasado en vano. Pero hace falta creer en algo.


140. «Un dia, no podent mirar enlloc més, vaig mirar-me a dintre meu i vaig veure lo que jo no sospitava: que a dintre meu portés una ànima. Aquesta ànima l’havia cuidada tan poc, que la tenia quasi morta» (Santiago Rusiñol, Cigales i formigues).


141. Cuanto más se vive más difícil se vuelve vivir. Uno guarda recuerdos. Un lastre. Pero es nuestra única luz de referencia, nuestro faro.


142. En Bluets, Maggie Nelson habla de una amiga suya que sufre neuralgia difusa después de un accidente y de la que cuida. Doy gracias a Dios por mantenerme lejos del dolor físico. El emocional ya es otra cosa; tiene una parte razonable, explicable, y otra que me inflijo con malos hábitos.


143. Drama es el vuelo de un pájaro. Ahí ya está todo contenido. No hace falta más acción, ni guerra, ni angustia. El ser del mundo se abre y cuenta su historia sin necesidad de cliffhangers ni macguffins.


144. Hagamos lo que hagamos, vivimos transformándonos. La identidad que un día estuvo tan viva se apaga y se convierte en larva, de donde saldrá la mariposa nueva, que, al cabo de un tiempo, fenecerá. Hasta que alcance la última muerte. Vivimos sucesivas muertes y nacimientos hasta que alcanzamos la muerte del vivir. Después de eso, la nada y el todo.


145. Puesto que a mi reloj de pulsera se le acabó la pila hace unas semanas, últimamente pierdo la noción del tiempo con más facilidad. Salimos del restaurante a eso de las doce y cuarto.


146. Rosalía, mientras trabajaba en su último disco, Lux, se decía: «Si alguien puede hacer esto eres tú». Sin ser Rosalía, debería adoptar el mismo mantra. Olvidar lo que Eco dice en Cómo hacer una tesis –a saber, que si en tres años no has conseguido hacerla, probablemente sea porque el tema supera tus capacidades– y repetirme que si alguien puede escribir Vestir el alma: El dandismo de Eugeni d’Ors a través de la moda, la creación de sí y la celebridad, ese soy yo.


147. ¿Es el último disco de Rosalía pretencioso? X asegura que sí. Pienso que nos hemos acostumbrado tanto a que el arte consista en un espumarajo afectivo, en un muy pop y confesional «aquí tenéis mi corazón abierto de par en par», que la más mínima elaboración culta —el trabajo con la música clásica o con una decena de lenguas que no dominas—, la más mínima apuesta por la experimentación o por la ficcionalización de formas del pasado, ya nos parece excesiva: «Not my cup of tea», «¿Pero la gente lo va a entender?», «Rosalía ha hecho un disco raro».


148. «Oísteis que fue dicho: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra» (Mateo 5:38-39).


149. Hoy sueño que me salen muchas ampollas verdes y lilas por el cuerpo. La erupción me coincide con un congreso en Santiago de Compostela, del que debo apresurarme a irme porque se ha declarado la alerta de fuertes lluvias e inundaciones.


150. Lo que no te perdono es que me hicieras sentir tan pequeño.


151. «En aquest drama prefereixo el meu paper al teu. Tota la història, per acabar, pot resumir-se així: necessitava estimar; vaig trucar a una porta; m’obriren i m’hostatjaren; foren acollidors a l’entrada, però a la sortida em feriren per l’esquena» (Joan Estelrich, El seductor seduït).


152. Me siento como la rata de laboratorio que ha recibido una descarga eléctrica al morder el queso y ha aprendido la lección. ¿Hasta cuándo? Tengo una pasmosa capacidad para el olvido.


153. Las ilusiones que te has formado viven contigo, viven en ti. Las expectativas no son tu enemigo. Son una bella creación de tu imaginación, para la que la realidad no siempre ha sabido estar a la altura. ¡Pobre realidad!


154. —¿Cuál es la mayor estupidez que se ha dicho sobre vosotros?

—Que somos chicos. Que estamos locas.

Paloma Chamorro pregunta y Fabio McNamara contesta. Es 1987. El otro día X y Y me hablaron de esta entrevista a Almodóvar y McNamara en La edad de oro.


155. Estos días he estado revisitando La flor de mi secreto. Algo hace que siempre la acabe viendo en otoño.

Como los musicales de Demy. Como la Pura pasión de Ernaux. Como Rebe cantándole a un amor que le va a volver loca o la Lana de Blue Banisters. La superioridad de tener el corazón roto frente a la frialdad de no sentir, o haber dejado de sentir, o simplemente haberse encaprichado.


156. «Los hombres de la ciudad se maravillan a menudo de este largo y monótono quedarse solo entre los campesinos y las montañas. Sin embargo, esto no es ningún mero quedarse solo, pero sí soledad. En verdad en las grandes ciudades el hombre puede quedarse solo como apenas le es posible en cualquier otra parte. Pero allí nunca puede estar a solas. Pues la auténtica soledad tiene la fuerza primigenia que no nos aísla, sino que arroja la existencia humana total en la extensa vecindad de todas las cosas» (Martin Heidegger, «¿Por qué permanecemos en la provincia?», trad. Jorge Rodríguez, 1934).


157. «Una cosa de sentit comú és que s'han d'utilitzar les mans, s'ha de fer coses amb les mans, perquè qui sap fer coses senzilles amb les mans també pensa bé. O millor dit: fer coses senzilles amb les mans ajuda a pensar bé. Qui no fa res amb les mans no sé si pot arribar a pensar bé. En tot cas, li costarà més. Això sembla una tonteria però no ho és. I s'ha sabut sempre. La cosa estranya és que no ho sapiguem ara o que cada vegada se sàpiga menys» (Josep Maria Esquirol, «El plec del sentir i l'excepcionalitat humana»: Una proposta filosòfica sobre la vida humana [ciclo de conferencias], Spotify, 2017).


158. Dice Esquirol que lo que distingue el deseo de la necesidad es que la necesidad representa una carencia que puede ser satisfecha; el deseo, no; el deseo es infinito y tiene que ver con el sentido de la vida humana. Le gusta la concepción deleuziana del deseo, y no tanto la de Freud. Según Freud, el deseo viene determinado por el enredo emocional que nos constituye, las heridas del pasado, la historia familiar. En cambio, Deleuze considera que, para entender el deseo, es mucho más importante tener en cuenta que es generador, constructor; el deseo aporta al mundo algo que antes no estaba en este; el deseo es creador.


159. El viento que sopla en el Camí de les Cinc Sènies ya es frío. Aunque voy con pantalón corto y camiseta he tenido que coger una chaqueta y me la he acabado poniendo.

El sol se pone. Se me acaba la batería de los auriculares (ya están muy viejos) y me conformo con el silencio del campo. El canto de un pájaro, el ruido del motor de una máquina. Me cruzo un chico que ha salido a correr. El polvo se levanta al paso de una furgoneta apresurada. Cuatro gorriones encima de un tendido.


160. No hacer cosas diferentes todo el rato sino persistir en la misma diferencia.

31 de octubre de 2025

Inteligencia es sensibilidad. Octubre 2025


126. Día fantástico junto a X. Nos encontramos a media mañana, subimos andando hasta la ermita de Sant Martí de Mata –nunca había estado aquí– y luego hacemos un arroz con verduras y setas (trompetes de la mort y rossinyols). Por la tarde vemos en su tele Barcelona, nit d’hivern y luego ponemos los vídeos de conciertos de Lady Gaga y Lana del Rey. Oscurece pronto y nos acercamos en coche a Mataró.


127. Cines Mooby Glòries. Caza de brujas, dirigida por Luca Guadagnino. Llego corriendo a la sesión de las seis y media. Cuesta creer que la actriz protagonista sea la misma que en Come, reza, ama; Julia Roberts nunca ha sido santo de mi devoción.

Guadagnino «lo petó» con Call Me By Your Name y ahora paga las consecuencias: el público reclama que repita el éxito, pero con pelis como Suspiria o Queer se fue por otros derroteros. Esta tiene una mayor apariencia de telefilme que las anteriores.

¿Cuál es el problema de «petarlo»? Lo dijo Carlo Padial cuando le entrevistaron en el Hotel Jorge Juan.

Caza de brujas no solo trata de un caso de violación sino que tiene más mala baba y aborda la cultura de la cancelación: la víctima convertida en verdugo. Por eso en algunos puntos me recuerda a lo que recientemente ha ocurrido con X y Y.

La cultura de la cancelación surge como respuesta popular desesperada ante una justicia que no siempre es igual para todo el mundo; es una protesta contra el engaño del igualitarismo universalista moderno. Si durante siglos no se ha creído el testimonio de los oprimidos y discriminados o incluso se les ha querido tratar de culpables –la quema de brujas–, ahora tiene lugar una venganza histórica, simbólicamente redentora, en que acusar a alguien privilegiado sería suficiente para suspender la presunción de inocencia y condenarle.

Las críticas se solapan: ahora no solamente hay quien se queja de una justicia tradicionalmente sesgada, interesada, sino también quien se lleva las manos a la cabeza ante la arbitrariedad con la que parece operar la cultura de la cancelación, que, desbocada, hasta se vuelve autotrófica: Errejón.

El tema tiene enjundia. Lo que no le perdono a Guadagnino es que haya hecho una película afectadamente sesuda en los diálogos y aburrida por momentos, justo en una semana personalmente de mierda en la que acudía al cine con tal de buscar evasión, incluso evasión en la reflexión. Hacia el final de la peli me he encontrado llorando por motivos que nada tienen que ver con esta; se me iba la cabeza hacia otras cosas.

Visualmente, Caza de brujas no está lejos de Tár. En materia de banda sonora, la segunda le da mil vueltas. El sonido de Caza de brujas llega a molestarme, y no en los momentos en que quiere hacerlo deliberadamente.


128. A las nueve he cogido el bus para Barcelona. La chica sentada delante de mí tiene abierto el bloc de notas del móvil y relee una larga reflexión emocional que acaba de escribir (creo). Espiándole capto alguna frase: «Empiezo a proyectar una pareja en ti, Ot».

¿Cuál será su historia? ¿En qué contexto habrá conocido al tal Ot? ¿Pretende mandarle la nota completa? ¿O solo la usa para ordenarse las ideas, como paso previo a una conversación?

Me llama la atención la forma en que lo formula: «Proyecto una pareja en ti», y no, simplemente, «deseo ser tu pareja». Hablamos más que nunca de nuestras emociones, pero lo hacemos con un lenguaje cientificista, lleno de tecnicismos (proyectar, poner límites, cuidarse) que, si bien a veces son útiles, otras veces también pueden esconder la evidencia de que nunca conoceremos completamente el territorio que pretenden rastrear. Es peor creer que se sabe algo cuando no es así que ser un ignorante consciente de sus limitaciones.


129. Por un rato he desconectado de la tristeza. Estoy ligeramente más desapegado de lo que me apenaba. Pienso que hoy dormiré bien. En el trayecto a Mataró la lluvia aumenta. El agua es reparadora; es cambio; vida nueva. Los cristales del autobús están entelados y a través de ellos se adivina una autopista lúgubre. La vida es simple y, como dice Rigoberta, «estás en bragas viendo a las Kardashian, | ¿qué más puedes pedir?».


130. En los momentos de pérdida, de duelo, siento como algo natural el salir de mi zona de confort, el hacer las cosas de un modo distinto a como normalmente las haría. Pongo las inercias entre paréntesis. Crezco.


131. En el duelo, reluce más que en ningún otro sitio la unicidad del ser humano: no te sirve cualquier persona sino esa en concreto que ha desaparecido.


132. Estaré mal hasta que me harte de estar mal y entonces ya no estaré mal.


133. —¿Pero no ves que has estado siendo completamente delusional? —me pregunta X.

—Pero esa delusion es mía y hago lo que quiera con ella.


134. Me contó que, desde enero, ha estado haciendo terapia con enfoque Gestalt: «Si fui un niño solitario, me concentro para imaginarme a ese niño acompañado por mi yo adulto, y entonces deja de estar solo. La cuestión es imaginarlo con la suficiente concentración como para que tenga un efecto sobre el inconsciente». «Pero, entonces», le respondía yo, «¿el recuerdo imaginado sustituye al real o conviven?».


135. Al salir de ver Akhnaten, escrita por Philip Glass y dirigida aquí por Phelim McDermott, me pregunto: ¿inventamos el matrimonio para huir de la posibilidad de la vida religiosa? ¿O inventamos la espiritualidad para huir de la posibilidad del enamoramiento?


136. Da igual que ya lo hayamos contado mil veces. Cada vez que lo pasamos por el tamiz del lenguaje, el recuerdo se transforma. Un recuerdo es como la última vez que lo recordamos, venía a decir Carla Simón cuando presentó Romería en la Filmoteca –película que, sin embargo, no me gustó.

30 de septiembre de 2025

Inteligencia es sensibilidad. Septiembre 2025


111. Contento, he decidido bajar hasta la playa del Bogatell dando una vuelta y escuchando Dennis de Sega Bodega. Después he regresado a la parada del bus atravesando el Poblenou y el Fort Pienc.

Había olvidado que, caminando por Barcelona, el cielo se abre ante ti en toda su amplitud. Que cuando oscurece sigue habiendo barullo por las calles, en las terrazas. Que las aceras son anchas y puedes avanzar por ellas con el desasimiento de quien baila.


112. Mi vida es solitaria y saboreo los encuentros con amigos como una buena copa de vino. Será que los he sabido escoger bien.


113. ¿Por qué tengo tantos reparos a la hora de hacer una lectura no lineal de un libro? Siento que si no he recorrido todas sus páginas de principio a fin y hago como que lo he leído soy un impostor.


114. Escribir a mano es placentero porque el tiempo que paso haciéndolo no estoy mirando ninguna pantalla. Te ves obligado a ser más lento y prudente; dar forma a cada letra toma más tiempo que pulsar una tecla.


115. Escribir es contemplación y conflicto.


116. El dictum de los tiempos es la diversión: «Just for fun». Te tienes que amoldar a ello, no queda otra. ¿Quieres algo más profundo? Da igual. El sufrimiento viene de intentar contravenir este hedonismo ciego.


117. ¿Cómo puede afectar a una relación de pareja el hecho de tener ideologías diferentes? Dicen que para que una relación funcione hace falta apertura de mente y predisposición a aprender, ¿pero es imaginable que dos personas que políticamente estén a las antípodas puedan vivir el resto de sus días juntas? La cosa cambia si no se piensa en el amor tan a largo plazo, pero, si le quitamos la aspiración a la permanencia –a la eternidad, diría, si no sonase pomposo–, solo quedan breves escarceos. Y uno se acaba cansando de hacer el tonto.

Cada vez aguanto menos los extremismos. Por eso llevo tiempo pensando que debo ser socialdemócrata sin saberlo. Sospecho de las utopías revolucionarias, del mundo perfecto que está por llegar. La vida me parece eminentemente sucia. Creo que la buena política consiste esencialmente en trabajar y realizar, con lo que nos viene dado, cambios pequeños que puedan conducir a transformaciones profundas. Imaginar un futuro poscapitalista es difícil porque, para empezar, no hemos decidido voluntariamente meternos en este embrollo de sistema socioeconómico. Así como no hablamos a través del lenguaje sino que el lenguaje habla a través de nosotros, no damos forma al capitalismo sino que el capitalismo nos ha dado forma a nosotros.


118. Dices que la socialdemocracia no nos salvará y que el cambio viene dado por la revolución pero lo único que quiero saber, lo único que me pregunto, es qué hay entre nosotros.


119. Puedes tratar muchos temas desde el convencionalismo, pero no la vida de Oscar Wilde. Ese no.


120. Lynch tuvo un final tan asfixiante e inquietante como sus propias películas.


121. En la escuela se nos decía que debíamos aprender historia para «no repetir los errores del pasado». Sin embargo, las sociedades alemana y austriaca del siglo XX eran perfectamente cultas, conocían la historia, y eso no les impidió dar su apoyo al nazismo. Conocer la historia tampoco está sirviendo, actualmente, para que los países poderosos y con recursos militares impidan a Israel acabar con la población palestina.

Esa razón por la que estudiar historia se revela ingenua. Me parecería más interesante estudiar historia no para saber qué no hacer sino para saber qué hacer. En la tradición podemos encontrar destellos, líneas de fuga, microhistorias, que nos inspiren para el presente.


122. Le dices a tu psicólogo que te gustaría ser más productivo y te responde: «¿Por qué eres tan autoexigente?». ¿El discurso psicoterapéutico predominante es conformista? ¿Nos anima a ser cómodamente mediocres, puesto que lo que se salga de allí no es «autocuidado»?


123. Caminando por Caldes d’Estrac, de camino a la residencia, mi padre trata de explicarme la diferencia entre una adelfa y una buganvilla; las segundas son trepadoras; además, una adelfa puede tener otros colores, más allá del rosa.

La última vez que visité al abuelo Pere fue el martes 26 de agosto, es decir, hace tres semanas. Dice estar bien. Las heridas que tiene en la cabeza por el cáncer de piel no están tan enrojecidas; parecen haber cicatrizado más. Juega al dominó con otro compañero de la residencia. También ha cobrado cierta autonomía; ahora ya no hace falta que le den la comida sino que tiene suficiente fuerza en los brazos como para comer solo.

Acabamos hablando de nuevo de la madre del abuelo, que se llamaba Josefa Cid García, pero todo el mundo le conocía como Pepeta. Tenía cuatro hermanos: Manel, el mayor; Maria; Rosa (le llamaban Rosita); y Marià. Hacia 1957, el pequeño, Marià, tuvo un accidente con su Mercedes, en el que también viajaba su padre y que, de hecho, murió. Nunca me han hablado bien del padre de mi bisabuela Pepeta; se ve que era un hombre severo que obligaba a sus hijas a darle todo lo que ganaban trabajando.

El accidente tuvo lugar un día que habían ido de excursión al pantano de Sau. De vuelta a Mataró, cuando ya habían pasado Granollers, atravesaron el paso de Parpers, que da muchos giros. Después de este, a la altura de los Quatre Rellotges, Marià se desorientó y estampó el coche contra un platanero. Por culpa del impacto el automóvil rebotó y dio dos vueltas de campana. Cayó en un campo.

Ni mi padre ni el abuelo saben a ciencia cierta por qué debió ocurrir el accidente: ¿Marià simplemente se desorientó? ¿En la excursión al pantano, donde iban a hacer costellades (así llamaban a las barbacoas de entonces), habría bebido? ¿O conducía sobrio? La cuestión es que su padre murió y su hija pequeña, que también viajaba con ellos, quedó afectada de por vida.

Por lo que me cuentan, la parte Cid de la familia es despiadada, fría, cínica. No obstante, también se sabían divertir, si hacían planes de domingo como irse a un pantano a hacer una costellada. Y también tendrían inteligencia estratégica: Pepeta se emancipó de la casa paterna, hizo el estraperlo y, con lo que sacó de ello, montó una fabriquilla de género de punto. En aquel entonces se cumplía lo que dice Josep Pla: «Ganar un poco de dinero … es relativamente fácil si uno no espera que los demás se lo lleven en bandeja» (La vida amarga, OC6, pág. 282).


124. Dios es la luz dentro y fuera del hombre.


125. Le ha gustado que se presentase estrechándole la mano, en lugar de darle dos besos. Todos, hombres y mujeres, nos deberíamos saludar con un apretón de manos, no con dos besos –o peor: tres, como en el caso de los franceses. Los besos por compromiso son invasivos y artificiales. Un distante apretón de manos puede transmitir mucho más, en el fondo. Hasta que no comprendamos la cálida, tierna humanidad de la formalidad y la cortesía no habremos entendido nada.