31 de diciembre de 2025

Inteligencia es sensibilidad. Diciembre 2025


161. A veces me pregunto si un escritor no debería limitarse a ser como un mecanógrafo que teclea lo que le dictan. Plasmar lo que ves, lo que escuchas, sin intervenir, sin emitir juicios.


162. Las redes generan una especie de contramundo: sus debates, su ruido, sus ídolos. Uno baja a la calle y la realidad que se le aparece es harto distinta.


163. El despertador suena a las siete y media, pero lo retraso hasta las ocho. Antes de que vuelva a sonar me doy cuenta de que ya no estoy descansando, solo postergando el inicio del día, así que me levanto, subo la persiana y observo el cielo de primera hora, de un azul profundísimo. No se ve a nadie por la calle y hasta al sol le cuesta salir. El invierno es una delicia.


164. Pienso en Gregorio Luri, quien, cuando le invitaron al pódcast Hotel Jorge Juan, comentó que la visión de la vida como una serie de injusticias le despertaba muchas sospechas: la vida es como una competición deportiva, venía a decir. Aunque los símiles deportivos no me entusiasmen, comprendí a qué se refería. Está claro que algunos tienen que hacer frente a más dificultades que otros, que el punto de partida suele ser diferente en cada caso, pero eso no es excusa para quedarse paralizado o apoltronarse en la queja. Si no tomamos las riendas de nuestra propia vida, serán otros quienes, más o menos conscientemente, nos la dirijan. ¿Cómo articular esto con el desasimiento fundamental, el saber dejar ir? ¿Cómo ser autónomo y resolutivo sin caer en una ambición desaforada?


165. A las once y pico hago media hora de ejercicio y me ducho y pierdo el tiempo y me hago un cuarto café y escucho música moderna y también clásica con estos AirPods divinos que son la mejor compra que pudiera haber hecho; no sé cómo, ya es la una y veinte, pero no me siento mal por haber perdido el tiempo. Basta de sentirse mal por todo.


166. Nos despedimos con un abrazo incómodo. Cómo son las cosas: ¿ninguno de los dos ha sabido ver, hasta que nos hemos desvirtualizado, que no había química?

Esto no es debido ni a una incapacidad de X ni mía sino a la dinámica de las aplicaciones de ligue: la presencialidad es insustituible —a la misma conclusión llegarían quienes tienen relaciones a distancia— y tiene condicionantes a veces secretos, como un olor corporal, una manera de moverse, una cadencia determinada en la voz. Uno no se forma una idea clara de alguien hasta que le tiene delante, en persona, de carne y hueso.


167. ¿Por qué en la academia hay este pavor a la incongruencia, al maximalismo? Todo el mundo te aconseja que seas prudente, que tengas un objeto de estudio muy acotado y no te salgas de sus límites.


168. Escribir no para evadirse de la vida sino para intensificarla.


169. El perfeccionismo y la ambición vienen del deseo de ser aplaudido, reconocido, validado. Nunca te sientes suficiente y, por lo tanto, tratas de sobrecompensar con la excelencia en el trabajo. Sin embargo, no la consigues, porque la búsqueda de la excelencia te bloquea, te paraliza; sabes que lo que hagas jamás estará a la altura de tus expectativas iniciales.

Lo repito como un mantra: soy suficiente. Existo en la medida justa.


170. Leí en algún lado, a propósito de Rosalía: «Te ves obligado a madurar cuando comprendes que tus ídolos también se equivocan». No. Maduras cuando dejas de idolatrar, cuando tratas a cualquier persona de tú a tú.


171. En la era de la cirugía estética, una película como Barry Lyndon será imposible. No se encontrarán caras tan exquisitamente anormales —el reverendo (Murray Melvin), el príncipe de Tübingen (Wolf Kahler)... Los cuerpos se ceñirán a la norma social.


172. Pienso en el David de Donatello, en su sombrero toscano, su calma absoluta tras la lucha. Fue una de las primeras esculturas que me explicaron en la asignatura de Historia del Arte, en segundo de bachillerato. Desde entonces no pude parar de ver a gente esperando en contrapposto en la parada del bus.


173. X estudió Historia. Me cuenta que un profe de su carrera decía lo siguiente: «La única historia de verdad es la medieval y la moderna, porque la prehistórica se basa en suposiciones y la contemporánea es periodismo».


1. ¿Principal rasgo de tu carácter? La introspección.

2. ¿Qué cualidad aprecias más en un hombre? La ternura.

3. ¿Y en una mujer? La honestidad.

4. ¿Qué esperas de tus amigos? Que sean independientes de su reloj.

5. ¿Tu principal defecto? La inseguridad.

6. ¿Tu ocupación favorita? El paseo.

7. ¿Tu ideal de felicidad? Escribir por la mañana. Almorzar con alguien a quien hace tiempo que no veo. Por la tarde, leer, ir al cine y ver el atardecer. Cenar con mis íntimos y pasarnos un poquito con la bebida. Volver andando a casa y acostarme a medianoche.

8. ¿Cuál sería tu mayor desgracia? No cambiar nunca más.

9. ¿Qué te gustaría ser? Ingenuo.

10. ¿En qué país desearías vivir? Irlanda.

11. ¿Tu color favorito? El granate.

12. ¿La flor que más te gusta? El lirio de agua.

13. ¿El pájaro que prefieres? El petirrojo.

14. ¿Tus autores favoritos en prosa? Josep Pla, Josep Maria Esquirol y Tao Lin.

15. ¿Tus poetas? Luis Cernuda y Francesc Parcerisas.

16. ¿Un héroe de ficción? Lucien de Rubempré.

17. ¿Una heroína? Irma Vep.

18. ¿Tu músico favorito? Ravel.

19. ¿Tu pintor preferido? Guim Tió.

20. ¿Tu héroe de la vida real? Gorbachov.

21. ¿Tu nombre favorito? Isaac.

22. ¿Qué hábito ajeno no soportas? Hablar mal de alguien a sus espaldas —aunque sea un hábito en el que caigo constantemente.

23. ¿Qué es lo que más detestas? El purismo.

24. ¿Una figura histórica que te ponga mal cuerpo? Tejero.

25. ¿Un hecho de armas que admires? El duelo final de Barry Lyndon. Lyndon antepone la compasión a su destreza. Su contrincante solo está cegado por el resentimiento.

26. ¿Qué virtud desearías poseer? La disciplina.

27. ¿Cómo te gustaría morir? Entregado.

28. ¿Cuál es el estado más común de tu ánimo? La postergación.

29. ¿Qué defectos te inspiran mayor indulgencia? La cháchara.

30. ¿Tienes una máxima? Si el mal es radical, la bondad todavía lo es más.