48. Pienso en el inicio de El cuaderno gris, el diario de juventud de Josep Pla, con su madre preguntándole: «¿Que ya sabes que hoy cumples veintiún años?». Pues bien, ni cumplo veintiuno –esa cifra queda tristemente lejos– ni tengo a mi madre cerca para que me haga esa pregunta. Estoy en la estación de Atocha, en Madrid, esperando a que anuncien la vía del tren que me llevará hasta Cáceres. Es triste pasar mi aniversario fuera. Y no solo eso; es triste pasarlo en trenes, en tránsito. (...) Ha pasado justo medio año desde la otra vez que estuve en Cáceres. Entonces era noviembre y los días eran cortos. Esta vez, en el trayecto de Madrid a Cáceres, todavía puedo ver los paisajes por la ventana. Kilómetros de llano verde. Hoy también cumple –cumpliría– años Søren Kierkegaard.
49. En el Ave para Cáceres he empezado a leer Las ilusiones perdidas en la traducción al catalán de Jaume Fuster. Se trata de la edición de la MOLU, las Mejores Obras de la Literatura Universal, que, junto a la MOLC, las Mejores Obras de la Literatura Catalana, es uno de los bienes más preciados que mi padre me podría dejar en herencia. Ya había empezado esta novela de Balzac en alguna otra ocasión, en una edición en español de Penguin que compré creyendo que no tenía la obra por casa. También había leído otras obras de Balzac: Eugenia Grandet y el primer volumen de La comedia humana, que edita traducido al español Hermida. Aunque le he dado varias oportunidades, Balzac nunca ha llegado a convencerme. O cuanto menos diría que no ha llegado a engancharme. Leerle es una tarea ardua. Si por lo menos te recompensara con pequeños pearls of wisdom, encontraría algún tipo de motivación para seguir con la lectura. Lo que ocurre es que los aforismos que se encuentran diseminados entre largas descripciones y digresiones sociológicas en sus novelas son bastante cínicos, sarcásticos. Es sorprendente que la persona capaz de escribir tantos centenares de páginas sobre gente a la que le ocurren cosas corrientes y perfectamente universales sea la misma que deposita una escasa confianza en la especie humana. Para mí, escepticismo no equivale a inteligencia. No siempre.
50. Por la noche, voy a cenar a una Tagliatella porque estoy cansado de tanto estímulo nuevo, de tantas cosas imprevisibles como uno encuentra estando de viaje. Pido el risotto mar y monte de siempre, tres panes y una copa de vino. Luego vuelvo al hotel y me pongo el comienzo de Mulholland Drive. La última vez que estuve con X me dijo: «David Lynch tiene frases extraordinariamente simples en sus pelis. Siempre recuerdo esa primera escena de Mulholland en la que la protagonista morena le dice al conductor del coche en el que va: “What are you doing? We don’t stop here…”, y luego la escena se repite, pero siendo todo diferente, al final del filme».
51. Salgo a dar una vuelta y acabo visitando un aburridísimo museo histórico de personajes ilustres de la provincia de Cáceres. Es el Museo de Historia y Cultura, también llamado Casa Pedrilla. Aunque resulta a todas luces anticuado, tiene el atractivo de los sitios a los que casi nunca entra nadie (soy el único visitante de la tarde).
Por suerte, la parte de personajes ilustres se limita a la planta baja. La primera está dedicada a artistas plásticos extremeños. (...) Me gustan las pinturas de Juan Caldera Rebolledo (1897-1946), que no llegó a vivir cincuenta años y cuyos temas y estilo me recuerdan a los del badajocense Eugenio Hermoso (1883-1963), que descubrí en noviembre, en el Museo de Cáceres. Pese a que nacieron con catorce años de diferencia, debieron coincidir personalmente. Pintores folklóricos y ruralistas que no habrían sido para nada del gusto de Eugeni d’Ors.
52. Lo que realmente resulta siniestro de nuestra época es la facilidad con que se confunden dominados y dominadores, como si el lenguaje fuese un arma estratégica que sirviera para representar el mundo al revés, en lugar de la única herramienta con la que contamos para comprender y apalabrar la realidad en todo lo que tiene de asombrosa y de injusta.
No hay una tal cosa como la posverdad. A lo largo de la historia encontramos bulos. La democracia es un sistema que precisamente los permite porque la alternativa, que hubiera unos tecnócratas tiranos que dictasen «cómo son las cosas», resultaría mucho peor.
53. Al regresar al hotel, he pasado por el paseo de Cánovas y me he fijado en el monumento dedicado al poeta José María Gabriel y Galán. (...) El nombre de Gabriel y Galán me sonaba porque Maragall prologó uno de sus libros, las Extremeñas. En algún blog encontré uno de sus poemas más conocidos y emotivos, «El embargo». Me gusta la historia de su vida: de joven fue a Madrid y el ritmo de la capital le horrorizó; tras trabajar de maestro de escuela un tiempo, se casó con una extremeña y se mudó a Guijo de Granadilla, donde se dedicó al campo y a escribir. Sus poemas son ruralistas, con un fuerte componente social. Hace pocos años, la editorial Delirio recogió toda su obra poética en un volumen sobrio y bonito de quinientas páginas. Trataré de hacerme con él a la vuelta.
54. Móstoles, centro de arte Dos de Mayo.
David Bestué en el libro que acompaña su exposición Flor Hispania: «Si hay una cosa que me interesa de Madrid –y a la vez me repele– es el poder que irradia la ciudad». He hojeado el libro tanto en el tren de ida como en el de vuelta de Móstoles; X se lo compró cuando inauguraron la muestra y hoy lo traía.
Bestué reconoce que la visión de Madrid que transmite su exposición supone «una lectura personal y un poco inventada» –qué pizpireto suena ese segundo adjetivo. La pregunta clave, aplicable a tantas otras capitales, es la siguiente: «¿Cuál puede ser el imaginario de una ciudad que no para de crecer y expandirse?». La obra que más nos llama la atención a X y a mí es un pase de diapositivas; el artista muestra, en fotos con mucho movimiento, su vida en Madrid, sus amigos, los sitios a los que va. Él es Jorge Anguita Mirón (Madrid, 1983).
Una primera parte de la muestra consiste en obras de la colección del CA2M que Bestué ha escogido. La segunda parte es de esculturas de creación propia. Aunque no tenga una relación directa con Madrid, destaca Samuel (2025), la matriz de escayola de una escultura que Bestué depositó en el paseo de Buenos Aires de A Coruña, allí donde, hace casi cuatro años, asesinaron a Samuel Luiz. La escultura representa la juntura de dos huesos. El tiempo pasa y este caso sigue resultando igual de incomprensible.
55. Antes de regresar a casa de X doy una vuelta por el Retiro y me meto por algunas calles de Salamanca. Es fascinante lo idéntica entre sí que es la gente que vive en este barrio. Al cenar, con X, en un restaurante llamado Casa Filete, se lo comento y dice que puede deberse a que la división por barrios que se estableció con el plan Castro –el equivalente al plan Cerdà barcelonés– segregaba rígidamente las clases sociales: Salamanca (los ricos), Chamberí (la clase media), Delicias (los pobres). La gente del barrio de Salamanca nunca sale de allí. La Gran Vía se creó para que pudieran acceder al centro más cómodamente.
56. X me habla de una noticia que escuché recientemente. Se ve que el dueño de La Sirena es un «hombre hecho a sí mismo» (siempre cojo esta expresión con pinzas), una gran fortuna que proviene de un estrato humilde. Ha sido motivo de polémica que, en una entrevista, dijera que la lengua catalana resta más que suma. Lo que me da que pensar es la reflexión con la que X concluye: «¡Qué tío burro! ¿No tiene detrás un equipo de comunicación que le informe de que no debe decir cosas así?».
Nos encontramos en una época en la que, ante una opinión inapropiada o injusta, no nos preguntamos qué habrá llevado a la persona en cuestión a opinar así o a qué intención o táctica responderá su expresión, sino que nos preocupamos por la cuestión comunicativa, el marketing: ¿qué efecto tendrá este titular sobre la imagen pública que proyecta? No nos interesa la verdad, la veracidad de las ideas, sino la autenticidad, es decir, la correspondencia entre lo que uno hace y dice y la supuesta esencia que creemos que hay en su fuero interno y que llamamos personalidad.
57. Por la noche sigo viendo La casa de Cardin. El documental es de 2019 y el diseñador al que se lo dedican, Pierre Cardin, murió en 2020. Tenía noventa y ocho años, súper longevo. La muerte arrasa con todas las vidas, tanto si has emprendido grandes proyectos como si te has limitado a ir tirando.
¡Ir tirando resulta tan fácil! Una vida desprendida quizá consiste en ir tirando. Pero la cultura, la creación, exigen algo distinto. Exigen una fuerza positiva que impulse las cosas hacia un lado distinto al que irían por su propia inercia. La libertad de acción creativa puede ser fértil o paralizante. (...) Dice Pierre Cardin que trabajó muchísimo para conseguir todo lo que hizo en el mundo de la moda; concebía la vida como trabajo. ¿Es eso a lo que se tendría que aspirar? Cardin también tiene opiniones que a día de hoy serían censuradas por muchos, como que le gustan «los chicos masculinos y las chicas femeninas», «no me gusta mezclar el agua y el vino», dice.
58. Vivimos una tinderización del mundo: resulta más fácil crear nuevos vínculos que mantener los antiguos, por lo que poca gente hace el esfuerzo de cultivar lo que ya tiene. Además, la hiperconectividad nos ha llevado a relacionarnos con multitud de gente a diario sin siquiera preguntarnos si tenemos el tiempo y la energía para cuidar esa cantidad desbordante de relaciones –acabamos dejando a gente por el camino.
59. Los tuits de Tao Lin son los de alguien que no teme mostrarse honestamente. No esconde su diferencia, sus peculiaridades. No pretende asimilarse a la multitud, que es lo que la mayoría procuramos hasta en nuestro uso del lenguaje (hablamos como nuestros semejantes para identificarnos con ellos, para que nos acepten).
60. Ponerse a investigar en un campo que ya ha generado un montón de artículos y libros puede resultar satisfactorio a alguien deseoso de pertenecer a un grupo reducido de especialistas y de hablar un lenguaje ya formado lleno de tecnicismo, pero no a quien pretenda recorrer un camino personal y devolverle algo de lo que hace a la sociedad.